La crisis económica y la elección presidencial norteamericana

wall-street1Estados Unidos se enfrenta a una elección decisiva que involucra la presidencia, un tercio del Senado y la totalidad de la Cámara de Representantes. Sin duda alguna, la decisión de los electores estará determinada, principalmente, por la situación económica del país y las perspectivas del empleo y de la política económica.

Casi siempre las elecciones que ocurren en el contexto de una crisis económica afectan al partido de gobierno no importa cual sea su color político. En los últimos tiempos hay buenos ejemplos de ello; la derrota de Carter ante Reagan en 1980, la de Bush padre ante Clinton en 1992. Finalmente, Obama se benefició en 2008 del descontento que afectaba a la ciudadanía estadounidense después de ocho años de Bush hijo que finalizaban en el inicio de la más fuerte recesión mundial desde la Gran Depresión de los años 30’s.

De acuerdo con los criterios técnicos que definen una recesión, la economía norteamericana ha superado ya ese estadío. Después de una contracción de 0,3% en el Producto Interior Bruto (PIB) en 2008 y otra más de 3,1% en 2009, se reportó un crecimiento de 2,4% en 2010 y de 1,8% en 2011. En 2012 se han producido crecimientos trimestrales de 2,0% entre enero y marzo, 1,3% entre abril y junio y 2,0% entre julio y septiembre (www.bea.gov). De tal forma, técnicamente el país está fuera de la recesión. Sin embargo, ¿puede hablarse de una recuperación?

Para analizar si la economía norteamericana está en un fase de clara recuperación vale analizar no sólo el ritmo del crecimiento del PIB que, como hemos visto, en los últimos trimestres no muestra incrementos significativos.

Un indicador interesante a considerar es el de la brecha del PIB potencial (output gap) que es el producto que puede generar una economía en un período determinado a partir del capital instalado y el volumen de empleo que se corresponde con la tasa natural de paro de la economía (cuasi pleno empleo) . En 2008 en la etapa previa a la crisis, la brecha respecto al PIB potencial era de -0,939%, es decir, estaba muy cerca de lo que la economía estaba en condiciones de producir para ese año. En 2009, sin embargo, este indicador cayó a -5,559%, en 2011 se situó en -4,377% y se espera que en 2012 cierre a -4,059%. Este nivel de brecha respecto al PIB potencial no muestra una clara recuperación de la economía (IMF, WEO Database).

Por otra parte, y lo que es ciertamente preocupante es que el nivel de empleo en los EE.UU aun está por debajo del nivel alcanzado en 2007 cuando el número de empleados estaba en 146,1 millones de personas. En 2008, augurando la crisis por venir este indicador había caído a 145,4 millones. En 2010 el nivel de empleo cerró en un mínimo de 139,1 millones de personas y para 2012 se espera un total de 142,4 millones (IMF, WEO Database). Es decir, en las previsiones para este año se espera que haya 3,5 millones de empleados menos que en 2007 e incluso 3,0 millones menos que en 2008 cuando Obama ganó las elecciones.

Otro indicador preocupante es el lento ritmo de incremento del consumo privado de la población que después de sendas contracciones en 2008 y 2009 (-0,6% y -1,9%) ha venido creciendo a un ritmo claramente insuficiente en 2010 y 2011 (1,8% y 2,5%, respectivamente) y que para 2012 se estima que crecería sólo en 1,9% (IMF, WEO October 2012).

Por otra parte, la inversión bruta fija no parece recuperarse. En 2008 sufrió una contracción de 2,9% y para 2009 la caída fue del 12,6%. A pesar de crecimientos observados en 2010 y 2011 de 1,6% y 2,2%, respectivamente, y de un incremento esperado de 2,4%, estas magnitudes sitúan la inversión por debajo de los niveles de 2007 e incluso de 2008.

La teoría económica después de la Gran Depresión condujo al planteamiento de fórmulas heterodoxas para estimular la coyuntura en tiempos de crisis. Tras el desastre de una política basada en la ortodoxia presupuestal en el gobierno republicano de Herbert Hoover, el demócrata Franklin D. Roosevelt ganó las elecciones de 1932 con un programa  que entonces denominó “New Deal” (nuevo acuerdo) con el pueblo estadounidense y que significó una mayor participación del gobierno federal en la economía, incrementando el gasto público para estimular la economía por la vía de obras públicas e inversión en infraestructura que impulsaran el empleo y en consecuencia, la demanda efectiva a través de una recuperación del consumo. Así las cosas, la acción combinada del consumo privado, el gasto público y la inversión estimularían el crecimiento económico.

La publicación en 1936 de la Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero de John M. Keynes, significó una revolución en el pensamiento económico que mostró las insuficiencias de la escuela neoclásica para explicar la “economía del desequilibrio”. La “receta” keynesiana podría resumirse en bajas tasas de interés para estimular la inversión productiva (por la vía de un crédito más barato), el incremento del gasto público para estimular el empleo y, al mismo tiempo, la inversión privada, y un cierto nivel de protección a los productores nacionales para desestimular el consumo de bienes foráneos y facilitar el consumo de bienes nacionales.

El presidente republicano Hebert Hoover (1929-33) asumió la presidencia después de un período de expansión inusitada de la economía norteamericana. Cuando estalló la crisis, fiel a las concepciones del “laissez faire” se negó a usar un instrumental ant-cíclico de política económica. El desempleo creció de 3,0% (1,6 millones) en 1929 a 25% en 1932 (12 millones). A pesar de ello mantuvo una política ortodoxa de gasto público y en 1932 el déficit estaba sólo a 4,0% del PIB de la época, mientras en 1931 había sido sólo de 0,6% respecto al PIB.

La tradición de una política fiscal expansiva caracterizó a varios gobiernos norteamericanos debido a diversas guerras en las que el país se involucró, así como por el desarrollo de cierta política social, teniendo en cuenta las reclamaciones de la clase trabajadora.

En períodos más recientes, los presidentes republicanos Reagan (1981-89) y Bush, padre (1989-93) mantuvieron presupuestos desequilibrados debido a la política de reducción de impuestos que beneficiaba a los grandes empresarios y a un incremento colosal del gasto público debido a la carrera de armamentos en la que Estados Unidos competía con la entonces Unión Soviética (URSS). Desaparecida la URSS, Estados Unidos mantuvo en alta prioridad el gasto en defensa debido a la primera guerra de Irak, la amenaza nuclear norcoreana y la preocupación geopolítica que representaba el régimen iraní.

El presidente demócrata Bill Clinton (1993-2001) en cambio, aprovechó la bonanza económica de sus dos períodos para equilibrar el presupuesto. Decisión correcta. En los buenos tiempos es necesario ahorrar para enfrentar los tiempos de crisis. Desde 1998 logró un presupuesto superavitario incrementando el gasto público pero beneficiándose de un incremento mayor de los impuestos. En 2000 se alcanzó un superávit de 236 mil millones de dólares, correspondiente a un 2,4% del PIB. Su sucesor, el republicano George W. Bush, hijo (2001-2009) incrementó notablemente el gasto público sin que ello se reflejara necesariamente en una más expansiva política social. El incremento del gasto se dirigió, sobre todo a las “guerras de Bush”. El gasto público creció de 1,79 billones de dólares en 2000 a 2,98 billones en 2008 y de un superávit de 2,4% del PIB se pasó a un déficit de 3,2% del PIB. Cuando entregó la presidencia estaban dadas ya las condiciones esenciales de la recesión, caída de la inversión, del consumo, y en consecuencia del PIB.

A esto debe añadirse que la política monetaria sostenida por la Reserva Federal desde tiempos de Bush padre y de Clinton había estado orientada al mantenimiento de bajas tasas de interés para estimular la inversión. En la medida en que la crisis fue profundizándose, la Reserva Federal ha ido bajando sus tipos de interés hasta acercarlos a cero, con lo cual, la política monetaria ha dejado de tener efecto en el estímulo a la inversión porque resulta imposible bajar los tipos de interés nominal a valores inferiores a cero.

Mientras tanto, el gobierno de Obama ha incrementado el gasto público a niveles jamás vistos en la historia económica de Estados Unidos. En 2009 el gasto público se situó en 6,177 billones de dólares y en 2012 se espera que cierre en 6,362 billones. El déficit presupuestal pasó de 956,2 mil millones de dólares en 2008 a 1,516 billones en 2011 y se espera que baje a 1,358 billones en 2012 . El déficit presupestal alcanzó la cifra de 13,3% del PIB en 2009  y se ha venido reduciendo paulatinamente hasta situarse en 10,1% del PIB en 2011 y se espera cierre en 8,7% en 2012. Igualmente preocupante es la magnitud de la deuda bruta que ha pasado de 76,1% del PIB en 2008 a 107,2% en 2012 (IMF, WEO Database).

Estas cifras muestran las dificultades de la política fiscal para brindar opciones de recuperación a través del gasto público porque la magnitud de la crisis ha sido tal que ha llevado al gobierno a pedir al Congreso un incremento del “techo de endeudamiento”.

El gobierno de Obama inyectó dinero en la economía, incluso para salvar de la crisis a los grandes emporios automovilísticos norteamericanos General Motors y Chrysler que, junto a Ford,  son símbolo de la industria nacional, a pesar de la pérdida de competitividad relativa que muestran frente a competidores asiáticos. Condicionó dicha ayuda a la investigación respecto al uso de tecnologías más limpias por parte de dicha industria. Cumpliendo con su promesa electoral de 2008, en 2010 promovió una reforma del sistema de salud para asegurar una cobertura universal del servicio de salud para la población, algo que parece increíble que no ocurra en la primera potencia económica del mundo.

A pesar de todo la economía aun no repunta de manera sustancial porque el crecimiento es lento, el desempleo no cede y los instrumentos tradicionales de política anti-cíclica parecen no surtir el efecto necesario.

Frente a esto, la propuesta de Romney es la clásica receta neoliberal. Reducción del gasto público, reducción de los impuestos a los ricos “para que hagan empresa” cuando hasta ahora se han seguido haciendo más ricos invirtiendo en China y en países donde los costos laborales son más bajos para potenciar sus ganancias. Romney propone dar marcha atrás a la reforma sanitaria de Obama, con lo cual los pobres tendrán asegurada la libertad de morirse sin atención médica de calidad en la primera economía del mundo. También apela a la privatización de servicios públicos. Más de lo mismo de una doctrina que en su aplicación hizo más ricos a los ricos y más pobres a los pobres.

No hay una receta infalible para salir de la crisis. Evidentemente, Estados Unidos no podrá gastar hasta el infinito y la reducción del nivel de endeudamiento debe ser una prioridad en la compleja que impone que el Estado continúe estimulando el crecimiento. Incrementar el proteccionismo para estimular el consumo de bienes nacionales no sería una opción dados los compromisos internacionales contraídos en el marco de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y porque se ha demostrado que la política de empobrecer al vecino es ruinosa para toda la economía mundial.

La crisis económica ha golpeado a los bolsillos de los norteamericanos. El ingreso per cápita de 43.743 dólares a precios constantes de 2005 en 2007 se contrajo a 43.193 en 2008, a 41.506 en 2009 y poco a poco ha ido recuperándose hasta 42.632 en 2011 y se espera que la cifra de 2008 sólo sea superada en 2012 cuando se alcancen 42.632 dólares constantes de 2005 (IMF, WEO Database). Mientras tanto, los beneficios corporativos antes de impuestos se han incrementado sistemáticamente incluso los años de la crisis. Así las cosas, el promedio de utilidades antes de impuestos fue de $1,359 billones en 2008,  $1,440 billones en 2009 el peor año de la crisis, $1,816 billones en 2010 y $1,854 billones en 2012. En el segundo trimestre de 2012 se reportaban beneficios antes de impuestos por valor de $2,108 billones (www.bea.gov). Es decir, la economía se resiente, se afecta el ingreso per cápita, el empleo no repunta, pero las compañías han incrementado sus beneficios. Todo parece indicar que no funciona el gana gana que proclama la economía de mercado.

La solución no parece estar en el aumento del tamaño del Estado, ni siquiera en seguir inyectando dinero a la economía a través del gasto público. La solución es crear empleo. Como escribiera Keynes “las deficiencias principales de la sociedad económica en la que vivimos son su incapacidad de proporcionar pleno empleo y su arbitraria y desigual distribución de la riqueza y los ingresos” (Keynes, 1936). Es decir, la solución pasa por aumentar el empleo, con ello debe recuperarse la confianza, la demanda efectiva, el consumo.

Como el sector privado no parece estimulado a invertir masivamente para remontar la caída, el Estado debería hacerlo pero haciendo un gasto selectivo. Disminuir el gasto militar, aumentar el gasto en infraestructura, aumentar el gasto en investigación y desarrollo, aumentar el gasto en servicios públicos sociales de impacto social (educación, salud).

Si gana Romney nada de esto ocurrirá. Si gana Obama debería hacerlo pero habría que ver en qué condiciones de gobernabilidad queda con un Congreso que difícilmente sea mayoritariamente demócrata.

About mauriciodemiranda

La Habana, 1 de abril de 1958. Doctor en Economía Internacional y Desarrollo, Universidad Complutense de Madrid, España. Licenciado en Economía, Universidad de La Habana, Cuba. Profesor Titular del Departamento de Economía y Director del Centro de Estudios sobre la Cuenca del Pacífico de la Pontificia Universidad Javeriana, Cali, Colombia.
This entry was posted in Actualidad. Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s